¿Los clientes recurrentes son los más rentables?
En teoría, sí. Pero en la práctica… probablemente no.
Un cliente recurrente parece ideal: confía en tus servicios y su costo de adquisición quedó amortizado hace rato.
¿Qué podría haber de malo en esto?
Que esa recurrencia también puede traer consecuencias que frenan tu crecimiento.
Aquí hay 3 ejemplos clásicos que casi nadie toma en cuenta:
#1 Autocomplacencia: Tener clientes recurrentes o “seguros” es cómodo.
Pero esa comodidad puede transformarse en autocomplacencia y hacer que dejes de buscar nuevos negocios para tu empresa.
Sin nuevos clientes es difícil crecer, y aún más difícil seguir ganando experiencia.
Esto me pasó durante varios años y, por suerte, me di cuenta a tiempo antes de que se volviera un problema.
#2. Concentración de ingresos: ¿Un solo cliente recurrente (o un pequeño grupo de ellos) representa un alto porcentaje tu facturación?
Entonces la estabilidad de tu empresa podría estar en peligro si alguno decide dejarte por cualquier motivo.
#3. Expectativas crecientes: Lo que al principio era un servicio súper bien valorado por tu cliente, con el tiempo puede empezar a parecerle insuficiente.
¿El resultado?
Que tu cliente quiera “más por lo mismo”, generándote más trabajo pero no necesariamente más ingresos (además de quitarte tiempo para relacionarte con nuevos clientes potenciales.)
📌 Si te identificas con alguno de estos casos, las soluciones son claras:
– Diversifica tu cartera de clientes. Trataría de no tener clientes que representen más de un 20% de tu negocio.
– Estandariza o “productiza” tus servicios para establecer expectativas claras y evitar er el riesgo de que te pidan “más por lo mismo”
– Revisa periódicamente a tus clientes recurrentes.
Con el tiempo, cada cliente recurrente se convierte en una relación.
Y, como en toda relación, es importante evaluar si seguimos creciendo juntos, si necesitamos ajustes o, incluso, si es momento de terminarla.
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